Alguna cosa más

Ocurre muy puntualmente que, como ahora, tengo la necesidad de escribir algo más y, sobre todo, el tiempo para hacerlo. Pienso que este difunto blog es un lugar tan bueno como cualquier otro. No se trata pues de una verdadera resurrección, más bien el blog pasa a partir de hoy a un estado de muerto viviente, o blog-zombie, es decir, un lugar donde puede aparecer, o no, algún artículo esporádico. Dada la nula periodicidad y lo impredecible de este hecho recomiendo que, en caso de que alguien quiera ser avisado de estos excepcionales eventos, se apunte a la suscripción por e-mail (primer link del menú, arriba a la izquierda). Desearía poder ofrecer más que eso, pero finalmente he dedicido que casi nada es mejor que nada.

Son los partidos, estúpido (último post)

Un día un ataque de curiosidad antropológica me llevó a echar un vistazo a los estatutos del Partido Socialista Obrero Español. Al hacerlo me vino a la memoria un episodio de mis veintitantos, cuando un compañero de trabajo, numerario del Opus Dei, me invitó a comer y me regaló una copia de “Camino”, con la intención de que iniciara mi propia senda en la orden religiosa. Mi primera reacción fue de preocupación por la imagen que debía dar yo para que alguien llegara a la conclusión de que era “captable”. Luego me puse a leer, esperando encontrar pistas sobre los secretos que explicaran una organización social y religiosa tan poderosa. No me convertí. De hecho fue mi compañero quien se salió de la Obra algunos años después. Me lo dijo él mismo, un día en que me lo encontré casualmente por la calle. Me pidió además que no le preguntara la razón, pues no se la había dicho ni a su madre.

Respecto al libro que me prestó, “Camino”, algo así como la Biblia del Opus escrita por su fundador, confieso que no fui capaz de pasar de la mitad, pero lo que leí fue tremendamente revelador (mucho más, seguro, que cualquier capítulo del “Código da Vinci”). Mostraba un sistema orientado totalmente hacia la obediencia ciega, condenando, prohibiendo y anulando la capacidad crítica de las jerarquías inferiores, hasta el punto casi de neutralizar sus cerebros. Comprendí que ahí reside gran parte de su inmenso poder.

Pues bien, una sensación muy similar fue la que tuve al leer los estatutos del PSOE.  Y supongo que si hubiera leído otros habría sido igual o incluso peor.

La clase política está en proceso de perpetua podredumbre. No se trata sólo de determinadas personas, es el propio aire de sus pasillos el que está viciado. Pero lo está porque el sistema de partidos actual, y en especial los propios partidos, son antidemocráticos. Esto es especialmente grave debido a que nuestras democracias hacen casi imposible la aparición de nuevos partidos de importancia, orientadas así a perpetuar el poder de los dos o tres dominantes. Y en sistemas así, la calidad de la democracia interna de estos partidos dominantes es la calidad democrática de todo el sistema. Parafraseando al asesor de Clinton, James Carville, modificaría su célebre frase con un “son los partidos, estúpido” (*).

Hace falta un cambio, y no puede salir de los propios partidos, debe salir de la gente. Debe aparecer aún la “killer aplication” de la política, algo que sea el Facebook, el Youtube, la Wikipedia y el Twitter de la democracia, todo al mismo tiempo. No como modo de expresión u organización alternativo o paralelo, sino como verdadero mecanismo para la (r)evolución-transformación de la política convencional, ya sea mediante la creación de auténticos “partidos-redes-sociales” de base y supervisión  democrática, que se inscriban en el mundo real como partidos convencionales pero sean gobernados por los miles de integrantes de una red social abierta; o mediante la creación de uno o más lobbies mundiales de ciudadanos que hagan de contrapeso a los de las grandes corporaciones y marquen tendencias en igualdad de condiciones. Influyendo en las políticas de los gobiernos o forzando cambios en los reglamentos internos de los partidos. Lobbies cuyos representantes se paseen por los pasillos de Bruselas con la misma libertad que los representantes de las petroleras o las empresas de telecomunicaciones, pero con el mandato y respaldo de millones de personas, a las que informen puntualmente mediante Twitter, blogs o vídeos en directo.

La campaña de Obama (sea cual sea el balance final de la presidencia), su uso de Internet como red de intercambio y movilización masiva, nos dio pistas respecto al camino, pero hay que ir más allá. También marcan el camino proyectos de generación colectiva como la fundación Wikipedia o la comunidad Lynux.

Lo cierto es que es probable que esa conjunción ocurra, tarde o temprano, pero hay que quitarse la apatía sobre los temas políticos, la confusión social tan extendida entre la política real -la toma de las decisiones transcendentes que condicionan nuestras vidas- y la orgía de ambición, miseria y tontería que es la política de partidos. La primera es interesante y nos interesa a todos, porque repercute en nuestro día a día y nuestras opciones de felicidad. La segunda, da grima y asco, como la mayoría de sus protagonistas. No hay que confundirlas, si las confundimos estamos perdidos. Pero hay que poner fin a los partidos políticos tal y como están concebidos ahora. Son parte del problema. Son el problema. Basta ya de chupar del bote, basta ya de no rendir cuentas, basta de tirar el tiempo y nuestro dinero mirándose en su espejo gremial de amiguetes y cómplices, como si el mundo no existiera más allá de dirigentes y compañeros de partido. Hay que acabar con ellos, son el enemigo a derrotar. Y eso sólo lo podremos hacer entre todos, pacíficamente y en democracia.

Las herramientas y los medios están ahí, poderosos y al alcance de mayorías como nunca antes en la historia. Somos como los homínidos de “2001″, jugando erráticamente con huesos de animales. Sólo debemos aprender a utilizarlos como arma.

Feliz 9

Bienvenidos al 2009, el año en que refundaremos el capitalismo, según afirma al menos el anfetamínico presidente Sarkozy. El año en que empezaremos a salir de la crisis, según afirman muchos de los que nos metieron en ella. O el año en que la actual recesión se profundizará aún más para evolucionar en algo más largo y doloroso, que es la imprecisa definición que se suele dar a un oscuro vocablo: depresión.

Y mientras la palabreja amenaza con manchar los libros de historia del 2009, lo cierto es que el mundo está como conteniendo la respiración. Las poblaciones del planeta estamos como esos cerdos apretados unos contra otros a los que vemos a veces sacar los hocicos por entre las barras de algún camión en la carretera: expectantes, impotentes, ignorantes, algo angustiados y con un muy mal presentimiento.

¿Volverá a funcionar pronto el sistema bancario con normalidad? ¿Será demasiado tarde? ¿Cuál será la próxima megaempresa en quebrar? ¿A cuántos sectores puede llegar a salvar el dinero de los contribuyentes? ¿Se exigirán responsabilidades a alguien por todo esto? ¿Va a cambiar los cimientos del capitalismo la esperada próxima cumbre del G20 capitaneada por Gordon Brown? ¿Salvará Obama el planeta? ¿Llevarán a cabo su manoseado “change” él y su equipo (sacado en buena parte de la antigua administración Clinton)?

Ojalá vivas en tiempos interesantes, dice la maldición.

Salud y amor para todos

Motivaciones para un blog

Hoy día las grandes decisiones, las que afectan de una forma relevante a un alto porcentaje de la población, nos quedan en realidad cada vez más lejos. Tanto que demasiado a menudo no sabemos exactamente ni siquiera cuáles son ni quien las toma. O lo sabemos, pero sencillamente no las entendemos. O las entendemos, pero ignoramos si son realmente recomendables y beneficiosas para la mayoría de nosotros.

A la complejidad de un mundo globalizado se le suma la progresiva falta de diversidad política y el desencanto que ésta genera en la población. En las últimas décadas, pero especialmente tras la caída del muro de Berlín el centro de gravedad político mundial se ha ido desviando hacia la derecha. Así, bajo la presión ideológica y competitiva de las economías, como la de Estados Unidos, que menos trabas ponen al libre mercado, los partidos mayoritarios de izquierdas se han refundado, explícita o veladamente, con políticas que antes habrían sido consideradas como mínimo de centro derecha. El resultado es que en la práctica, las políticas económicas de unos y otros son en muchos casos indiferenciables. Y se va consolidando en la opinión pública la sensación de que los políticos, por más que prometan durante las campañas, harán todos siempre lo que quieran, y todos más o menos lo mismo.

A ello se le suman las sospechas con respecto a quiénes benefician o qué intereses protegen en realidad algunas de las medidas tomadas. Al problema de la corrupción y las luchas de poder entre los propios políticos se suma el problema de la creciente influencia de poderes económicos cada vez más grandes y globales. La progresiva concentración empresarial genera organizaciones que por sí solas pueden llegar a superar en facturación el PIB de algunos países, y que aliadas por sectores o grupos de interés alcanzan un poder sin precedentes históricos. Por su propia naturaleza son estructuras sin control democrático. Pero el dominio monopolístico o oligopolístico que a menudo tienen sobre sus respectivos sectores, unido al poder e influencia inherentes a su dimensión, hace que sus decisiones o sus presiones sobre los gobernantes puedan tener un profundo efecto en nuestras vidas.

Otro factor más de desconfianza es el también escaso control democrático de los organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio, Banco Mundial ,etc.) y de las estructuras políticas supranacionales (en el caso, por ejemplo, de las instituciones europeas), unido al cada vez mayor peso de sus decisiones y la supeditación a las mismas de los gobiernos estatales.

En éste contexto, el papel de los medios de comunicación y su importante misión topan también con no pocas dificultades. Los medios convencionales actuales corren el riesgo de presentar serios déficits en su independencia, consecuencia en parte de su pertenencia también a grandes grupos empresariales. La concentración de muchos medios en pocas manos, así como su vinculación accionarial con empresas de sectores clave de la economía, los convierten a menudo a la vez en juez y parte de la realidad. Las dependencias mútuas que se establecen no pocas veces con los poderes políticos pueden llegar a convertirlos en instrumentos para la manipulación de la opinión pública. Por último, la obligación de maximizar beneficios condiciona también la selección de los contenidos, primándose a menudo lo atractivo sobre lo importante. Muchos medios informativos (y de manera especial los televisivos) se convierten así cada vez más en un producto de entretenimiento y consumo rápido, disfrazado de información.

Todos estos factores de alejamiento del ciudadano con respecto al poder y sus decisiones, además de suponer un problema por sí mismos, son un caldo de cultivo para la apatía y el desapego; y lo que quizá es aún peor, para la falta de curiosidad. La falta de curiosidad genera a la larga carencias de formación que nos impiden comprender, y por tanto evaluar y criticar de forma argumentada la acción de cada gobierno. Esto acaba siendo un cheque en blanco para los partidos y sus dirigentes, y facilita además cualquier cesión de soberanía popular -velada o declarada- en favor de otros poderes o instituciones como los mencionados anteriormente. Ésta falta de formación es así consecuencia y a la vez coartada de un nuevo y sutil tipo de despotismo ilustrado, parcialmente consentido por la ciudadanía. El analfabetismo político-económico llega a estar incluso bien visto socialmente, al confundirse las deficiencias del sistema y sus dirigentes con la errónea idea de que esos temas no son de nuestro interés (a pesar de tratarse de asuntos que condicionan profundamente nuestra vida diaria y nuestras opciones de felicidad).

El deseo de autoformación es por tanto una de las principales motivaciones de éste blog, junto la inquietud por los temas mencionados y el simple impulso de comentarlos y debatirlos. Se trata del ejercicio de un triste ciudadano de a pie, perplejo y con la mosca detrás de la oreja, que intenta salir sólo un poco de esta ignorancia en la que lamenta reconocer encontrarse, y que espera saber comunicar lo que descubra. Observar y meditar en voz alta sobre algunos de los temas que afectan a los seres humanos a una escala global, o al menos supranacional. Es decir, todo lo que no cabe en la sección de sucesos de los periódicos, ni en las páginas deportivas, ni siquiera en esa crónica de insultos, luchas de poder y folclore que es habitualmente la política de partidos local o nacional.

Me gustaría de verdad animaros a intervenir con vuestros comentarios, y quiero agradecer de antemano cualquier aportación. Por mi parte no pretendo dar demasiado la lata; las entradas que escribiré estarán suficientemente espaciadas en el tiempo como para que podáis seguirlo tranquilamente, tanto si queréis suscribiros para recibir las novedades como si preferís iros conectando a esta página de vez en cuando.

Un saludo a todos
Alex S.
alexs@ominids.com