Rascando un poco

El otro día mis ojos fueron a parar a una noticia publicada por la Associated Press, una de tantas sobre los tira y afloja de Obama en sus intentos por arreglar este desaguisado. El titular anunciaba que algunos demócratas clave se oponían a los planes del presidente de subir los impuestos a los ciudadanos de mayores ingresos (aquellos con ingresos superiores a $200.000, unos 157.000€). En realidad la intención del presidente y su equipo es simplemente no renovar un recorte de impuestos establecido por Bush y que expiraba en el 2011. Sin embargo, según decía el artículo, esos “demócratas clave” estaban muy preocupados porque según decían ello dañaría a las instituciones de beneficiencia y al mercado inmobiliario.

La verdad es que me entró curiosidad. ¿Voces demócratas se oponen a una ligera subida de impuestos a las clases altas? ¿Pero los demócratas no son la izquierda en Estados Unidos? Ya sé, la izquierda de allí -dicen- no es lo mismo que la de aquí, pero aun así no dejaba de sorprenderme que un demócrata, en la situación actual y con la ideología de la derecha neoliberal en el banquillo de los acusados, se pusiera a criticar en voz alta unas medidas tan -por decirlo así- “demócratas”. Mi reacción tras la (tal vez ingenua) sorpresa fue la de poner yo mismo en duda la propuesta del presidente. “Si lo dicen incluso algunos demócratas, a lo mejor es cierto que la ley es un error y que no hay que subir nunca los impuestos a los ciudadanos de más ingresos”, llegué a cuestionarme casi instintivamente. Pero mi ingenuidad está más impregnada de malos presentimientos que años atrás, debo reconocerlo, así que se me ocurrió coger el nombre del senador contrario a la medida mencionado al comienzo del artículo (Max Baucus, presidente del Comité de Finanzas del Senado) y lo googleé. El artículo de Wikipedia me llevó a una web en la que se listaban los principales contribuyentes a su campaña en el 2006. Tres de los cuatro primeros de la lista eran grandes del sector financiero: la aseguradora AIG y los grupos financieros JP Morgan Chase y  Goldman Sachs, nombres oídos hasta la saciedad estos meses por estar en el ojo del huracán de la actual crisis.

No es mucho más que un detalle y, claro está,  puede ser casualidad y nadie puede probar una relación causa-efecto entre la actitud crítica del senador y quiénes son sus amigos y patrocinadores, pero da que pensar sobre la forma en que funciona hoy en día la política (¿quién hay detrás de cada dirigente y cada decisión?) y también sobre cómo ello puede condicionar las declaraciones que salen en los medios y, en consecuencia e inevitablemente, lo que pensamos.

Fuentes:

Obama y los lobbies (II)

Hace unos días comentábamos las críticas que recibía Obama por falta de consistencia en su anunciada lucha contra la influencia de los lobbies en Washington.

Han pasado ya algunos días más desde la toma de posesión y hay que adminir que no parece que muchos de dichos lobbies estén especialmente contentos con él. El dato hace pensar que tal vez el presidente esté realmente cumpliendo con sus promesas. Queda por ver hasta dónde se va a llegar en realidad y si se trata de un cambio en la manera de hacer las cosas o una mera sustitución de unos grupos económicos influyentes por otros en los equilibrios de poder de Washington.

El caso es que el Wall Street Journal se hacía eco éste pasado jueves de que diversos grupos y asociaciones empresariales habían anunciado o puesto en marcha millonarias campañas de presión para defender sus intereses como gato panza arriba. Correspondían a sectores afectados por las políticas de Obama, descritas por él mismo la semana pasada en su discurso de presentación ante el congreso.

Así, la Hospital Corporation of America, el primer grupo hospitalario americano y mundial, anunció el día posterior al discurso un plan de 20 millones de dólares para promover una legislación en temas de salud basada en “principios del libre mercado”, en respuesta contra el plan de Obama de ampliar la cobertura sanitaria en Estados Unidos. Las palabras del CEO de la compañía son elocuentes:

“Cuando el gobierno se involucra, te quedas sin dinero y la asistencia sanitaria es racionada”

Toda una declaración de principios de lo que han sido las doctrinas dominantes en USA y el mundo durante las últimas décadas.

También han llovido ataques de los lobbies agrícolas, con sus subsidios amenazados (especialmente los recibidos por grandes empresas), y de la industria armamentística, que ha vivido en una especie de paraíso durante los mandatos Bush-Cheney. Hace ya días que estos últimos comenzaron a mostrar publicidad (ver foto adjunta) en medios offline y online pidiendo desesperadamente apoyo para salvar el F-22 de igual modo que otros piden apoyo para salvar el oso polar o el lince ibérico.

En el otro lado de la balanza, otras industrias, como las energéticas favorecidas por los planes de reforma del sector en la lucha contra el cambio climático, van a gastar cantidades equiparables en campañas, en este caso para promover que se aprueben los planes del gobierno.

En cualquier caso lo que está claro, por el contexto económico en que nos movemos, es que no hay dinero para todos. La batalla puede ser feroz.

Fuentes:

Ajustes salariales… ¿Para quién?

En paralelo al complejo y escabroso tema de si hay que facilitar o no los despidos en las empresas, se nos ha bombardeado durante años con el tema de los ajustes salariales. No negaremos que en algún caso concreto esto último pueda estar justificado, pero del modo y al nivel en que se ha ido promoviendo resulta inviable, e incide de hecho en una de las que apuntábamos recientemente como causas de la actual crisis. Como comenta el catedrático de economía Juan Torres López:

“Si una empresa logra salarios más bajos, reduce sus costes y puede obtener más beneficios. Pero si eso lo hacen todas las empresas (como ha ocurrido en los últimos años) lo que sucede es que disminuye la demanda potencial total que hay en los mercados puesto que ésta depende en gran medida de la capacidad de compra de los trabajadores.”

Es decir, si el consumidor medio no tiene dinero, no gasta, y la economía se para. Hacer que consuma a base de endeudarse, como se ha pretendido y se ha ido haciendo estos años, es sólo aplicable como medida temporal, pero a la larga es también insostenible.

¿Y LA LECHE DE LAS VACAS GORDAS?

Sin embargo estos años hemos disfrutado de bonanza, o al menos eso nos decían: que había crecimiento económico (situando de esa forma tan simplista y manipuladora el incremento del PIB como único indicador de la marcha de la economía) ¿Cómo es que no hemos tenido más dinero para ahorrar y ahora consumir, con tantos años de “crecimiento”? La causa ha sido el desproporcional reparto de la riqueza. Las Naciones Unidas han alertado recientemente  a través de la OIT del incremento espectacular de las desigualdades en los últimos años al respecto. Otros estudios similares como el de la OCDE apuntan en la misma dirección.

¿Son malas las desigualdades? Como casi siempre, depende. Se supone que una cierta desigualdad en el reparto de la riqueza hace más eficiente el sistema, pues supone un incentivo a la actividad emprendedora. Poca gente pone ya eso en duda después de la caida del bloque comunista. La cuestión es: ¿hay un límite? ¿Ha de haber un tope máximo razonable a esta desigualdad? Esta crisis está dejando claro incluso para los más fanáticos del libre mercado que un reparto extremadamente desigual tampoco garantiza la eficiencia del sistema, sino todo lo contrario.

Es decir, unas rentas del capital desproporcionadas, que concentran todos los beneficios mientras se rebaja el nivel de ingresos o el poder adquisitivo de los asalariados, convierte a estos últimos en pobres. Y como hemos dicho, los pobres no consumen. Y si no consumimos, no hay economía.

EL SALARIO DE LOS ALTOS CARGOS

Esto en cuanto a la relación del reparto capital vs. trabajo. En cuanto a las desigualdades en las remuneraciones, unos altos salarios para los altos directivos, condicionados al exito de la gestión, pueden incentivar un desempeño mejor en la gestión de las empresas. Sin embargo, unos salarios totalmente desproporcionados e independientes del éxito o fracaso de la gestión, pueden tener un efecto totalmente destructivo sobre la economía, como se ha demostrado en esta crisis.

Así que ajustes salariales, sí, pero debe aplicarse precisamente a aquellos que más los han estado predicando hasta ahora, pues los demás ya no tenemos margen para apretarnos más el cinturón sin que la economía se hunda por completo.

LAS MEDIDAS DE OBAMA

En este orden de cosas, parece que hay también estos días ganas de llenarse la boca por parte de algunos políticos con grandilocuentes palabras sobre el escándalo de algunos bonus y la necesidad de regulación al respecto. Como sudece demasiado a menudo, las palabras agradables a los oídos del pueblo pueden acabar sustituyendo a la acción real. Estos últimos días se ha hablado mucho de las limitaciones que el presidente Obama ha impuesto a los sueldos de los directivos de los bancos beneficiados de las ayudas del estado. Los directivos afectados se han hecho los ofendidos y el presidente ha salido como defensor del pueblo llano. No han tenido que pasar muchas horas, sin embargo, para que le hayan llovido las críticas desde distintos medios, que le acusan de que la medida no es más que aparente, algo esencialmente de cara a la galería. Entre otras cosas porque al parecer hace referencia sólo al salario base de los directivos, y todo el mundo sabe que los grandes directivos pueden fácilmente obtener un alto porcentaje de sus ingresos bajo  categorías diversas de complementos salariales. Así, lo único que hará la nueva norma es cambiar el reparto de los conceptos que aparecen en la nómina del directivo en cuestión, y no la cantidad final que van a ingresar.

Va a ser difícil separar la escenografía de las acciones en los próximos meses. Los dirigentes saben que la gente está enfadada, y la demagogia puede fácilmente convertirse en la reina de la fiesta. Sólo podemos rezar porque haya alguien inteligente allí arriba que sepa que ni la cosmética ni la cirugía estética nos van a sacar de ésta.

Algunas fuentes:

Obama y los lobbies

Poco después de jurar el cargo Barack Obama prometió endurecer la política totalmente permisiva de las administraciones anteriores con los lobbies y su presencia constante en la Casa Blanca. Los grupos de presión, que en muchos casos representan los intereses de grandes grupos empresariales de un u otro sector, son a menudo acusados de interferir de forma ilegítima en la acción del gobierno en un oscuro baile de influencias, favores, compensaciones y nombramientos-regalo. Obama ha hecho gala de su oposición a ésta manera habitual de proceder, y el miércoles confirmó su política oficial al respecto:

“Si perteneces a un lobby y entras en mi administración, no podrás trabajar en aquellas aquellas agencias o materias sobre las que actuaste, en relación con tu lobby, […] durante los dos años anteriores.”

Pocas horas después, ya sin tanta atención mediática, su portavoz comentó a los periodistas “incluso las normas más duras requieren razonables excepciones”. Aludía especialmente al caso de William J. Lynn, elegido por Obama para ocupar el cargo de número dos en el departamento de defensa… y registrado hasta hace pocos meses como perteneciente al lobby armamentístico de la empresa Raytheon, el cuarto contratista militar de Estados Unidos.

Mal comienzo.

Fuente: FACT CHECK: Exceptions made to anti-lobbyist rule  (AP)