¿A qué partidos votamos realmente en las elecciones europeas? (Esquema-resumen)

A pesar del aparente empeño de partidos e instituciones en confundirnos y desinformarnos, debemos recordar que en las elecciones europeas no vamos a votar a partidos nacionales, sino a listas de candidatos, los cuales luego se incorporarán a alguno de los grupos políticos del Parlamento Europeo. Pero algo tan básico como conocer a qué partido o grupo político irá finalmente nuestro voto puede llegar a ser como resolver un obscuro y misterioso enigma. No sólo porque muchos  partidos se esfuerzan en esquivar el tema y presentan sus campañas y trípticos sin hablar de grupo europeo alguno. A eso se suma el hecho surrealista de que, en muchos casos, miembros de una misma lista nacional van a parar directamente a partidos o grupos europeos distintos. Así, por ejemplo, cuando se vota en España a la lista de CIU, PNV y compañía (Coalición por Europa), en realidad estamos votando al mismo tiempo a los partidos de la Alianza de los Democratas y Liberales, y al Partido Popular Europeo  (los dos primeros candidatos de la lista, de CiU y del PNV, irán al los dos partidos de la Alianza, y en caso de que lograran un tercero, de Unió Democràtica, éste iría a engrosar las filas del PP Europeo). Con tal absurdo galimatías lo normal es que sintamos no ya apatía electoral, sino verdadera esquizofrenia.

El gráfico superior intenta resumir el proceso y las correspondencias entre partidos nacionales, partidos europeos y los actuales grupos parlamentarios europeos. Para más información sobre cada grupo y los partidos que los forman, seguid los links a continuación:

El desastre europeo no es culpa nuestra

Navegando el domingo pasado por Internet me enteré de que una caravana informativa sobre las elecciones europeas se detenía en mi ciudad (Barcelona) justo ese día. Tras llamar sin éxito al 010 y al 012 -que no tenían constancia de “nada semejante”-  averigüé finalmente por la web de un medio local su ubicación, junto a la catedral.

Así que fui a informarme sobre Europa. Entramos unos 10 o 12 en un espacio austeramente decorado con una pantalla de plasma, donde apareció una chica con gafas oscuras y aire futurista. Con el nerviosismo del actor inexperto obligado a interpretar un guión absurdo,  nos contó que venía del futuro (2030 o así), tras lo cual dio paso a un vídeo.  En él se contaban las maravillas logradas por nuestra sociedad en ese tiempo (coches electricos, paz en el mundo, etc.), y que todo ello había sido gracias a la votación del 2009 para el Parlamento Europeo. Al terminar la chica preguntó si alguien quería lanzar por el micro una “petición al Parlamento”. Sólo se acercaron los dos únicos niños presentes, de unos seis o siete años, que se reafirmaron el lo de acabar con las guerras. Un cámara que estaba grabando a nuestro selecto grupo, ante la oportunidad de capturar un material mínimamente televisable, le pidió a uno de los niños que lo repitiera, ahora en español (pues lo había dicho en un inconveniente catalán). El chaval, dócil, educado y ajeno a los enfermizos debates lingüísticos de sus mayores, así lo hizo, encantado y sin problema.

Et voilà! Así acabó nuestro tour por Europa y sus elecciones. Gracias por venir. Ni un folleto informativo –sólo un CD semioculto en un rincón, que ni siquiera nos ofrecieron-. Ni un triste gráfico en la pared, ni una explicación sobre las funciones del Parlamento, los principales grupos, con qué partidos nacionales se corresponden, etc. Eso sí: un boli de regalo, un bloc de hojas blancas y una piruleta de la Unión. Entramos como ignorantes y salimos convencidos de que nuestros gobernantes nos consideran imbéciles.