ATTAC

Hace ya más de tres décadas el premio Nobel de Economía James Tobin lanzó la propuesta de gravar con un impuesto los flujos monetarios internacionales. El objetivo de lo que es hoy día conocido como la Tasa Tobin era penalizar ligeramente (por debajo del 1%) las transacciones de divisas meramente especulativas (en especial toda la compra-venta de dinero hecha en poco tiempo para enriquecerse gracias a las fluctuaciones de los tipos de cambio). El impuesto trataría así de neutralizar las grandes distorsiones y efectos colaterales negativos que generaban dichas operaciones especulativas sobre las economías, en especial sobre las más débiles. En 1997, el director del periódico Le Monde Diplomatique lanzó en su editorial la propuesta de crear una organización para promover la implantación de dicha tasa, y emplear el dinero obtenido en ese impuesto en beneficio de la comunidad internacional. A raíz de dicho artículo surgió ATTAC. El movimiento, que celebra éste mes su décimo aniversario, tiene hoy cerca de 100.000 miembros y está presente en más de 50 países. Promueve distintas iniciativas, en su mayoría en torno a denunciar la falta de control democrático de los ciudadanos sobre las estructuras, instituciones y mecanismos que regulan la economía mundial. Ejercita también una función formativa, con cursos y seminarios gratuítos. Cuenta entre sus colaboradores con catedráticos y economistas, y el apoyo de personalidades ilustres como Federico Mayor Zaragoza o José Saramago.

DESCRIBIENDO LA PARTE VACÍA DEL VASO

La presencia de voces de prestigio, en especial las de formación científico-económica, garantiza un discurso argumentado y de alto nivel, alejado normalmente del extremismo demagógico de algunos grupos antiglobalización.  Y si bien es cierto que en ocasiones su visión puede tener una apariencia algo monocromática (todo es negativo, todo funciona mal…), no hay que olvidar que se trata de un grupo de presión y denuncia, y por tanto su misión es centrarse primordialmente en los problemas que nos afectan. Hay que destacar además que en los últimos tiempos vemos cada vez más casos en que las alarmas encendidas por el grupo son secundadas por mandatarios o ex-mandatarios miembros del “establishment” oficial y por tanto libres de cualquier sospecha de tremendismo antisistema (podemos mencionar aquí como ejemplo los comentarios de Angela Merkel sobre la necesidad de poner coto a los paraísos fiscales, la iniciativa austriaca respecto a la especulación de la que ya hablamos, o la carta que varios ex-dirigentes europeos -Jacques Delors, Jacques Santer, Lionel Jospin entre otros- dirigieron hace poco al presidente de la Comisión Europea José Manuel Durao Barroso sobre los desastres del actual sistema financiero mundial y las crecientes injusticias que provoca). En todos estos casos son voces oficialistas las que (en parte empujados por las evidencias que está dejando al descubierto la presente crisis) elevan denuncias o afirmaciones en la línea de las que ATTAC y otros grupos han venido gritando con más o menos repercusión durante estos 10 años.  A pesar de estas coincidencias, en general los postulados y cursos de ATTAC, al igual de lo que ocurre con su medio “progenitor”, Le Monde Diplomatique, muestran un prisma de la realidad a menudo distinto y más crítico que el “oficialista” de gobiernos y medios de comunicación masivos; pero no por ello menos digno de credibilidad. Dicho de otro modo, puede que no fuera saludable (intelectualmente y quizá sobre todo anímicamente) ver el mundo sólo a través del prisma de ATTAC, pero sin duda es un prisma que debe ser tenido muy en cuenta si se quiere tener una visión global del mundo presente creado por los hombres y sus líderes.

Austria vs. “Especuladores Sin Fronteras”

Navegando por Yahoo me topo con este anuncio en forma de banner que dice: “profit from the Global Agriculture Boom”. En la web a la que accedo me ofrecen enviarme a mi dirección e-mail un “informe gratis” sobre cómo me puedo enriquecer con el boom en los precios de los alimentos. En la página (de diseño aún más cutre que el banner) me alientan con frases como: “Learn why grain prices will triple from here and the best way to invest in agricultural commodities for the next decade” … “How you could make 300% on the world’s best farming operation”… o “The Only Two Stocks You Need to Retire Rich”. La realización de éste inquietante anuncio, simple y de baja calidad, llama la atención entre los sofisticados y cuidadísimos banners de las grandes marcas que suelen ocupar los medios de masas online como Yahoo. Parece hecho por gente con prisas por aprovechar una oportunidad, o al menos para que quien lo lea tenga esa sensación. Pero sobre todo parece un síntoma, un ejemplo de lo que algunas voces ya han anunciado: que los movimientos especulativos que han distorsionado los mercados y han contribuido a la actual crisis inmobiliaria y financiaera se están trasladando ahora a valores más “seguros”, en especial las materias primas y alimentos.

YO INVIERTO, TÚ INVIERTES, ELLOS ESPECULAN

Especular: Efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios. (RAE)

Especular, a pesar de su connotación peyorativa, tiene una importante proximidad semántica con invertir, una de las palabras mágicas del capitalismo en su vertiente más amable. La proximidad es tal que las personas usan una u otra palabra en función de sus ideas políticas o de su rol en el juego económico-social. ¿Dónde está la barrera que separa estos dos conceptos? Una posible respuesta sería que en el momento en que el perjuicio que ejercemos sobre la sociedad es mucho mayor que el beneficio aportado, allí es donde debería ponerse el límite. Otra posibilidad la podemos deducir de la mencionada definición de la Real Academia Española, que hace el énfasis en la acción de comerciar para aprovecharse de las variaciones de precios o de los tipos de cambio, y no en la generación de valor. Poner dinero para la creación de una nueva empresa, contratando gente y generando un bien o servicio que no perjudica a la sociedad sino que la beneficia, es una cosa. Comprar un bien de primera necesidad (ya sean casas o comida) para venderlo un tiempo después, sin intención de usarlo, sin crear nada, y con el resultado de que quien de verdad lo necesite tendrá que pagar ese precio de más con el que yo me he enriquecido, entraría en la definición de especulación, con todas sus connotaciones negativas. “Yo no creo riqueza, yo poseo”, decía Gordon Gekko (Michael Douglas), el más brillante especulador que ha generado la ficción de Hollywood en la fantástica “Wall Street”.

SEÑALADOS CON EL DEDO “OFICIAL”

La ONU ha afirmado ya que una parte de la “tormenta perfecta” que está provocando la subida del precio de los alimentos a nivel mundial proviene de la especulación. El conocido magnate especulador Geore Soros ha advertido contra aparición de otra burbuja especulativa, la del petroleo. Hace no mucho, Sarkozy y Merkel hacían un alegato cojunto contra los especuladores del sistema financiero internacional. Y esta semana Austria impulsaba una iniciativa en el seno de la UE para gravar la especulación de materias primas.

Parece que poco a poco la crítica contra la excesiva especulación improductiva va dejando de ser algo considerado propio de radicales antiglobalización o comunistas resentidos para pasar a ser comentada cada vez más por pesos pesados de la política económica. La crisis económica (con perdón) está teniendo el efecto colateral positivo de que algunos gritos de alarma que hasta hace poco eran menospreciados o ignorados son ahora compartidos de forma más o menos tímida por protagonistas de primera línea cuyo nivel de conocimiento y aceptación de las reglas del capitalismo está fuera de toda sospecha. Son líderes mundiales, gente que está a los mandos, quienes ahora, ante la catástrofe, dicen lo que para mucha gente (y no sólo cuatro hippies “antisistema”) era un lamento cotidiano. Está por ver si, además de decirlo, se hará algo. En cualquier caso parece claro que la política económica, como casi todo en las sociedades humanas, es una cuestión de modas.