Austria vs. “Especuladores Sin Fronteras”

Navegando por Yahoo me topo con este anuncio en forma de banner que dice: “profit from the Global Agriculture Boom”. En la web a la que accedo me ofrecen enviarme a mi dirección e-mail un “informe gratis” sobre cómo me puedo enriquecer con el boom en los precios de los alimentos. En la página (de diseño aún más cutre que el banner) me alientan con frases como: “Learn why grain prices will triple from here and the best way to invest in agricultural commodities for the next decade” … “How you could make 300% on the world’s best farming operation”… o “The Only Two Stocks You Need to Retire Rich”. La realización de éste inquietante anuncio, simple y de baja calidad, llama la atención entre los sofisticados y cuidadísimos banners de las grandes marcas que suelen ocupar los medios de masas online como Yahoo. Parece hecho por gente con prisas por aprovechar una oportunidad, o al menos para que quien lo lea tenga esa sensación. Pero sobre todo parece un síntoma, un ejemplo de lo que algunas voces ya han anunciado: que los movimientos especulativos que han distorsionado los mercados y han contribuido a la actual crisis inmobiliaria y financiaera se están trasladando ahora a valores más “seguros”, en especial las materias primas y alimentos.

YO INVIERTO, TÚ INVIERTES, ELLOS ESPECULAN

Especular: Efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios. (RAE)

Especular, a pesar de su connotación peyorativa, tiene una importante proximidad semántica con invertir, una de las palabras mágicas del capitalismo en su vertiente más amable. La proximidad es tal que las personas usan una u otra palabra en función de sus ideas políticas o de su rol en el juego económico-social. ¿Dónde está la barrera que separa estos dos conceptos? Una posible respuesta sería que en el momento en que el perjuicio que ejercemos sobre la sociedad es mucho mayor que el beneficio aportado, allí es donde debería ponerse el límite. Otra posibilidad la podemos deducir de la mencionada definición de la Real Academia Española, que hace el énfasis en la acción de comerciar para aprovecharse de las variaciones de precios o de los tipos de cambio, y no en la generación de valor. Poner dinero para la creación de una nueva empresa, contratando gente y generando un bien o servicio que no perjudica a la sociedad sino que la beneficia, es una cosa. Comprar un bien de primera necesidad (ya sean casas o comida) para venderlo un tiempo después, sin intención de usarlo, sin crear nada, y con el resultado de que quien de verdad lo necesite tendrá que pagar ese precio de más con el que yo me he enriquecido, entraría en la definición de especulación, con todas sus connotaciones negativas. “Yo no creo riqueza, yo poseo”, decía Gordon Gekko (Michael Douglas), el más brillante especulador que ha generado la ficción de Hollywood en la fantástica “Wall Street”.

SEÑALADOS CON EL DEDO “OFICIAL”

La ONU ha afirmado ya que una parte de la “tormenta perfecta” que está provocando la subida del precio de los alimentos a nivel mundial proviene de la especulación. El conocido magnate especulador Geore Soros ha advertido contra aparición de otra burbuja especulativa, la del petroleo. Hace no mucho, Sarkozy y Merkel hacían un alegato cojunto contra los especuladores del sistema financiero internacional. Y esta semana Austria impulsaba una iniciativa en el seno de la UE para gravar la especulación de materias primas.

Parece que poco a poco la crítica contra la excesiva especulación improductiva va dejando de ser algo considerado propio de radicales antiglobalización o comunistas resentidos para pasar a ser comentada cada vez más por pesos pesados de la política económica. La crisis económica (con perdón) está teniendo el efecto colateral positivo de que algunos gritos de alarma que hasta hace poco eran menospreciados o ignorados son ahora compartidos de forma más o menos tímida por protagonistas de primera línea cuyo nivel de conocimiento y aceptación de las reglas del capitalismo está fuera de toda sospecha. Son líderes mundiales, gente que está a los mandos, quienes ahora, ante la catástrofe, dicen lo que para mucha gente (y no sólo cuatro hippies “antisistema”) era un lamento cotidiano. Está por ver si, además de decirlo, se hará algo. En cualquier caso parece claro que la política económica, como casi todo en las sociedades humanas, es una cuestión de modas.