Work less, earn less

La semana pasada tuvo lugar una “cumbre” europea para tratar el problema del desempleo. Así, parafraseando al cómico Eugenio, se reunieron las tres principales potencias de la Unión: Suecia, la República Checa y España. El resultado fue un decálogo de diez propuestas para ser debatidas en próximas cumbres. Llama la atención la primera de ellas, que dice lo siguiente:

Las acciones llevadas a cabo por los estados miembros y los actores sociales deben apuntar a mantener empleada a la mayor cantidad de gente posible. Para este objetivo, un ajuste temporal en las horas de trabajo puede ser una opción de política efectiva para empresas de cualquier dimensión, contando para ello con la ayuda de fondos públicos como el Fondo Social Europeo (ESF); puede ser una oportunidad para la formación continua con objeto de facilitar traslados internos o transiciones hacia otras compañías o sectores, en línea con la idea de flexiguridad.

Es relevante la mención a la llamada flexiguridad (alta flexibilidad del mercado laboral compensada por una alta protección social para los momentos de transición entre empleos). Pero atención también a la primera mitad del párrafo. Aparentemente opuesto a la directiva maldita de las 65 horas semanales tumbada recientemente por el Parlamento Europeo (y al “work more, earn more” con el que Sarkozy promociona mundialmente su mercado laboral), el tono de la propuesta puede recordar más a las reducciones de jornada en la línea de la ley francesa de las 35 horas.

¿EN QUÉ QUEDAMOS, ENTONCES? ¿HAY QUE AUMENTAR O DISMINUIR LA JORNADA LABORAL?

En estos casos la lógica y el sentido común deberían prevalecer. Paradójicamente no parece haber consenso sobre qué es lo que dicta la lógica y el sentido común. El caso es que para una gran empresa con fábricas en Europa que debe competir con otras ubicadas en India o China, una receta para que no se queden los empleados en la calle es que trabajen más cada semana, como hacen los chinos o los indios. Aun en el caso de que paguen las horas extra, como el resto de costes por empleado se mantiene (el espacio físico de trabajo, los seguros sociales, etc.), la productividad de la empresa se beneficia. La fábrica no tiene que cerrar y los empleados conservan su puesto.

¿Así que es bueno incrementar la jornada laboral? No realmente, porque nos olvidamos de un detalle importante a nivel global. La eficiencia en la producción hace inevitable que cada vez se necesiten menos recursos humanos para fabricar lo mismo. Durante mucho tiempo se ha creído ingenuamente que eso se compensaba con innovación en los países desarrollados. Esta crisis está demostrando que eso no es exactamente así. La innovación y los nuevos productos y servicios son indispensables, pero no están bastando para compensar la pérdida de empleos fruto de la mayor eficiencia mundial. Al final la tendencia a que se necesite cada vez menos horas hombre es imparable. De modo que mantener aquella fábrica en Occidente a base de incrementar la jornada laboral puede evitar algunos despidos temporalmente, pero no soluciona el problema si a la larga, por culpa de eso, aún hay más gente sin trabajo.

Dicho de otro modo, si no hay trabajo para todos, sólo podemos hacer tres cosas:

  1. Que trabajen unos y subvencionen a los otros. Si el paro se mantiene en niveles aceptables funciona, pero si los subvencionados son demasiados acaba siendo insostenible, además de injusto.
  2. Que trabajen unos y no se subvencione a los otros, lo que es peor pues generará miseria, exclusión social, inseguridad y aumento de la criminalidad que repercute en la calidad de vida de todos.
  3. Repartir el trabajo.

WORK LESS, EARN LESS, PAY LESS

¿Era entonces la Francia de las 35 horas que está desmontando ahora Sarkozy la solución? Puede ser que no. Son muchas las posibles recetas, y tal vez la ley adoptada por Francia no fue ideal, pero sí apuntaba a la tendencia correcta: trabajar menos, repartir el trabajo. En cualquier caso la empresa no debe correr con todos los gastos asociados al cambio de modelo, y para ello necesita la ayuda de la sociedad en su conjunto (es decir, de los estados). Tampoco hay que esperar trabajar menos por el mismo salario. Sería ilusorio, al menos en el momento actual. Si hay que trabajar menos, hay que aprender a ganar menos.

En cuanto al impacto sobre la demanda global, ésta no tiene por qué reducirse demasiado (al contrario de lo que ocurre si llevamos a cabo simples ajustes salariales sin reducción de jornada), pues en este caso más ciudadanos tendrán empleo y por tanto un sueldo para gastar.

Pero ¿Y los asalariados? ¿Lo resistirían? La pata que le falta a esta ecuación, y que la ha hecho inviable hasta ahora en Occidente, son los altos costes de los bienes de primera necesidad. Elementos esenciales para la supervivencia como la vivienda o la alimentación han tenido en los países desarrollados unos precios prohibitivos que han hecho inviable una bajada de salarios. Es allí donde debía haberse hecho algo hace mucho tiempo, por las buenas. Puede que ahora debamos hacerlo por las malas, con un doloroso proceso deflacionario, al que todo el mundo teme por ser generador de cierres y más paro, pero que puede que sea inevitable y necesario.

La noticia sobre los resultados de la cumbre:

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Hoy ominids cumple su primer aniversario. Muchísimas gracias a los lectores, ocasionales o habituales, y en especial a los que participáis con vuestros comentarios. Un saludo a todos.

El Parlamento Europeo tumba la directiva de las 65 horas semanales.

Finalmente el Parlamento Europeo nos ha sacado las castañas del fuego y ha detenido (al menos de momento) la ratificación de la directiva por la que se pretendía permitir a empresarios y empleados pactar jornadas laborales de hasta 60 o 65 horas semanales.

Es una muy buena noticia que refuerza la credibilidad de la Eurocámara como órgano de representación de los ciudadanos. Es también una muestra más de que deberíamos estar todos más atentos a lo que ocurre y se decide en la Unión Europea y sus instituciones, pues en muchos casos puede afectar seriamente a nuestro modo de vida. No es la primera vez que los ministros de los distintos gobiernos estatales fijan entre ellos acuerdos  que perjudican a los electores (a espaldas de estos, lejos de sus países, en la nebulosa indescifrable y distante de las decisiones europeas), y tiene que ser el Parlamento el que ponga las cosas en su sitio. Por eso es importante que todos prestemos más atención a lo que ocurre en Europa, y que nos tomemos todos más en serio las elecciones al Parlamento Europeo (las próximas son en 2009, dentro de seis meses). No nos ayudan mucho nuestros políticos, que se dedican a presentarlas siempre en clave nacional y realizan un esfuerzo de explicación nulo del funcionamiento de la democracia en la UE, pero ya es hora de que los ciudadanos asumamos un poquito de responsabilidad y estemos más atentos e interesados. Nos jugamos mucho.

Más información: Noticia en La Vanguardia (EFE)

Aprobada directiva 65 horas semanales; prepárense para vivir como un ‘zombie’

¿Quién dice que lo que se decide en Europa no nos afecta? Nuestros dirigentes acaban de aprobar una directiva europea que permite ampliar la jornada laboral a 60 o 65 horas semanales (en determinados casos incluso más). Eso es lo equivalente a unas 11 horas al día 6 días a la semana, o 13 horas 5 días a la semana.

Así, como quien no quiere la cosa, sin apenas debate público, los ministros europeos se han cargado de un plumazo una de las mayores conquistas sociales de los últimos siglos, la que corregía las derivas semiesclavistas que se produjeron inicialmente en las ciudades a raíz de la Revolución Industrial, con jornadas inhumanas y sumisión absoluta de los empleados a un trabajo extenuante y alienante.

Finalmente, ante la presión competitiva de países como China -que al no tener un estado democrático pueden permitirse explotar a sus trabajadores acallando cualquier disidencia organizada con la amenaza de las metralletas (recuerden Tiananmen)- Europa, en lugar de velar por la preservación de las conquistas conseguidas con tanta sangre y sudor, ha decidido entregar a sus ciudadanos a la explotación inhumana sin límites. Si estos son los resultados de años y años de “crecimiento económico” y beneficios empresariales, entonces es que alguien se ha estado riendo de nosotros durante mucho tiempo, impunemente. Si es así, estaría bien que al menos dejaran de reír.

Si no hay una movilización de la sociedad en defensa de nuestras conquistas sociales, todo lo que lograron nuestros antepasados se dilapidará. Si no salimos a la calle y no somos capaces de defender nuestros intereses, derrocar gobiernos, plantarnos o incluso paralizar los estados si es necesario, nos espera un futuro penoso para la mayoría. No para todos, claro. No para los que han firmado esa directiva, ni tampoco para los representantes de los lobbies empresariales que “sugieren” medidas a nuestros políticos en los pasillos de Bruselas.

Nuestros dirigentes se burlan de nosotros. Están destruyendo Europa, y tienen que rendir cuentas antes sus ciudadanos. Si aceptamos, si tragamos sin más, tendremos que asumir las consecuencias. Podemos ignorarlo ahora, unos días más, pero dentro de poco ya no podremos eludir más su importancia, porque lo viviremos cada día, cuando regresemos a casa, sin fuerzas y sin alma, después de 13 horas de trabajo, como el día anterior, como el anterior, como el anterior…