Ante el G20

La sensación de provisionalidad que dejó el último G20  (con un destronado Bush deambulando en plan zombie por la reunión cual “fantasma de las navidades pasadas”), hizo que se proyectaran ya entonces todas las mentes y esperanzas en la de la próxima semana, la primera con un flamante Obama teóricamente en mejor sintonía con el resto del mundo y con los retos de los tiempos que corren… Pero ha pasado mucho tiempo desde el G20 de noviembre, demasiado para la situación de emergencia mundial en que nos encontramos, y cada uno ha ido por su lado.

Después de las millonarias ayudas a los bancos tanto EEUU como la UE han podido comprobar cómo éstas servían bien para mosquear a los contribuyentes pero no para que el sistema financiero volviera a funcionar. Tras un momento de espera (como el de un mecánico que tras su primer intento contempla el coche que se niega a arrancar), las acciones de los dos continentes han tenido un carácter más diferenciado: Estados Unidos ha optado por hacer una compra de activos tóxicos repartida entre dinero público y privado, y promueve un incremento del gasto público para evitar el enfriamiento de la economía, mientras Europa ha jugando más o menos tímidamente con la intervención o nacionalización de algun banco en situación crítica, ha planteado cómo ayudar a los países del Este más afectados, y sobre todo ha decidido esperar a que el resto del sistema se reactive mientras cruzan los dedos. Mientras tanto todos se han puesto a hablar de repente contra los paraísos fiscales (pobres), y eso si, casi todos han planteado ayudas directas o veladas a una industria automovilística en la UVI (qué bien que haya tanto dinero, ¿verdad?). Junto a esto han empezado a anunciarse ya otras medidas no convencionales, como echar mano a la fábrica de hacer dinero para activar la economía, dado que ya no hay margen para bajar más los tipos de interés.

Pero mientras tanto el dinero sigue sin fluir en el sistema financiero y la desconfianza ya está absolutamente enquistada, y lo que es peor, se consolida la idea de que es una desconfianza justificada. Lo que empezó como un problema financiero se ha transmitido inevitablemente a toda la economía. Caída en el consumo, caída en la inversión, caída en la producción, caída en el comercio mundial, y rápido (en algunos lugares rapidísimo) ascenso del paro. Y aunque no afecta a todos del mismo modo, los problemas de unas economías repercuten en los de las otras, en una especie de reacción en cadena global.

Poco contribuye al optimismo el hecho de que algunas de las medidas tomadas por Obama, como el mencionado plan para “liberar” a los bancos de sus activos tóxicos, hayan sido calificadas por varios de los más prestigiosos economistas como ineficientes, además de totalmente injustas. Parece que de nuevo se aplica la reciente moda de  privatizar los beneficios y socializar las pérdidas (capitalismo del s.XXI). Así, el oráculo alabado en el pasado foro de Davos por haber visto con antelación mejor que nadie la catástrofe en la que nos encontramos, el profesor Nouriel Roubini de la Universidad de Nueva York, coincidía con el Nobel de economía Paul Krugman en afirmar que el plan era sólo un intento inútil de evitar la nacionalización de los bancos, algo que habrá que hacer finalmente de todas formas, pues el mecanismo plateado, a pesar de costar grandes cantidades al contribuyente, no funcionará. Krugman ya  indicó al filtrarse los primeros detalles que se trataba en realidad de una reedición del fallido plan de la administración Bush (”cash for trash”), y que está basado en la falsa premisa de que ésta es una simple crisis de pánico. Más claro aún fue el también Nobel de economía Joseph Stiglitz al calificar directamente el plan de “robo al pueblo americano”, además de avanzar también que no iba a funcionar.

En cualquier caso, ante el desacuerdo entre Europa y EEUU sobre las próximas medidas urgentes a tomar, Obama parece haber decidido aceptar discutir -tal como pedía Europa- las reformas que hay que hacer en el sistema financiero para que esto no vuelva a ocurrir. Si fuera así, tal vez la reunión habrá servido para algo finalmente. Aún hay que ver si el impulso cristaliza. Como habrá que ver también el papel que juegan las economías emergentes, y en especial China, que ha empezado asustando a los americanos al pedir que sea reemplazado el dolar como principal moneda de reserva internacional. El mundo en plena metamorfosis.

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Comentarios

2 comentarios sobre Ante el G20

  1. Gonzalo Toca el Marzo 30th, 2009 13:31

    Estoy básicamente de acuerdo con lo que dices, pero tengo una objeción: Que el plan de Obama no pueda funcionar del todo no significa que la compra de los activos tóxicos por parte del Gobierno y el sector privado no funcione… sino que tiene una financiación insuficiente.

    Con el plan del nuevo presidente americano, se podrá comprar hasta un billón de dólares en activos tóxicos cuando las estimaciones sobre el valor total de éstos supera esa cantidad con creces.

    Un abrazo,

    Gonzalo.

    http://cisnesnegros.wordpress.com/

  2. alexs el Marzo 31st, 2009 9:47

    Creo que ahí está la clave del problema, en que no se han asimilado aún las dimensiones del agujero, y eso lleva a soluciones inadecuadas. O más probable es que se teman las dimensiones reales pero veyan probando con parches menores a ver si funciona, y así ganar argumentos para cuando se deban tomar decisiones más radicales, momento en que que podrán decir “lo hemos intentado todo”. Una de las críticas de Krugman que ponen en cuestión ese planteamiento es que con tanto juego temía que se pudieran en realidad estar quemando los últimos cartuchos para hacer algo efectivo después. A fin de cuenta ni el nivel de endeudamiento, ni de depreciación, ni la capacidad de cometer errores políticos son ilimitados, y supongo que si te pasas, puedes llegar a la parálisis total del sistema.

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