La globalización de tu información privada

El Wall Street Journal informaba esta semana de que un grupo inversor ruso se había ofrecido para adquirir una participación en Facebook.

En un mundo en que más y más información personal se encuentra en manos de entidades públicas y privadas, la compraventa de participaciones de las empresas depositarias de estos datos, así como su carácter global, despiertan no pocas dudas e  inquietudes. Igual que los estados se encuentran cada vez más impotentes para aplicar una política fiscal efectiva ante la competencia de paraísos fiscales de todo tipo, también las legislaciones destinadas a proteger nuestra privacidad pueden encontrarse pronto con un mundo real donde su aplicación sea cada vez más difícil. Nuestros datos personales circulan de una punta a otra del mundo, gestionados por entidades que en demasiados casos pueden escapar a un control, regulación y supervisión efectivos. La posibilidad de que esta información caiga en malas manos aumenta exponencialmente día a día, al aumentar la cantidad de información privada recogida, el número de entidades que tienen acceso, las técnicas para cruzar datos de distintos orígenes, la sofisticación de los ataques destinados a robarlos o la negligencia de muchos de quienes los custodian.

La posible oferta sobre Facebook, aunque la participación en juego sea minoritaria, no deja de ser un ejemplo que invita a reflexionar. La mayor red social del mundo es vista con ojos golosos por una empresa inversora ubicada en un país con cada vez menos garantías democráticas, gobernado por antiguos miembros de la ex KGB, bajo sospecha de emplear métodos propios de la época de la Unión Soviética, incluyendo el asesinato de gente incómoda al régimen. La sola idea de que puedan un día llegar a acceder a la base de datos de una buena parte de la población mundial, y obtener, sólo para empezar, un listado preciso de quienes son los amigos y relaciones de cada uno, es algo que pone los pelos de punta. Y da que pensar. ¿No estaremos entre todos dejando inadvertidamente que crezca un peligroso monstruo en el jardín de detrás de nuestra casa, mientras lo alimentamos colectivamente de forma inocente y naïf con información sobre lo que hacemos, nuestros conocidos, nuestras fotos, nuestra vida?

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