Son los partidos, estúpido (último post)

Un día un ataque de curiosidad antropológica me llevó a echar un vistazo a los estatutos del Partido Socialista Obrero Español. Al hacerlo me vino a la memoria un episodio de mis veintitantos, cuando un compañero de trabajo, numerario del Opus Dei, me invitó a comer y me regaló una copia de “Camino”, con la intención de que iniciara mi propia senda en la orden religiosa. Mi primera reacción fue de preocupación por la imagen que debía dar yo para que alguien llegara a la conclusión de que era “captable”. Luego me puse a leer, esperando encontrar pistas sobre los secretos que explicaran una organización social y religiosa tan poderosa. No me convertí. De hecho fue mi compañero quien se salió de la Obra algunos años después. Me lo dijo él mismo, un día en que me lo encontré casualmente por la calle. Me pidió además que no le preguntara la razón, pues no se la había dicho ni a su madre.
Respecto al libro que me prestó, “Camino”, algo así como la Biblia del Opus escrita por su fundador, confieso que no fui capaz de pasar de la mitad, pero lo que leí fue tremendamente revelador (mucho más, seguro, que cualquier capítulo del “Código da Vinci”). Mostraba un sistema orientado totalmente hacia la obediencia ciega, condenando, prohibiendo y anulando la capacidad crítica de las jerarquías inferiores, hasta el punto casi de neutralizar sus cerebros. Comprendí que ahí reside gran parte de su inmenso poder.
Pues bien, una sensación muy similar fue la que tuve al leer los estatutos del PSOE. Y supongo que si hubiera leído otros habría sido igual o incluso peor.
La clase política está en proceso de perpetua podredumbre. No se trata sólo de determinadas personas, es el propio aire de sus pasillos el que está viciado. Pero lo está porque el sistema de partidos actual, y en especial los propios partidos, son antidemocráticos. Esto es especialmente grave debido a que nuestras democracias hacen casi imposible la aparición de nuevos partidos de importancia, orientadas así a perpetuar el poder de los dos o tres dominantes. Y en sistemas así, la calidad de la democracia interna de estos partidos dominantes es la calidad democrática de todo el sistema. Parafraseando al asesor de Clinton, James Carville, modificaría su célebre frase con un “son los partidos, estúpido” (*).
Hace falta un cambio, y no puede salir de los propios partidos, debe salir de la gente. Debe aparecer aún la “killer aplication” de la política, algo que sea el Facebook, el Youtube, la Wikipedia y el Twitter de la democracia, todo al mismo tiempo. No como modo de expresión u organización alternativo o paralelo, sino como verdadero mecanismo para la (r)evolución-transformación de la política convencional, ya sea mediante la creación de auténticos “partidos-redes-sociales” de base y supervisión democrática, que se inscriban en el mundo real como partidos convencionales pero sean gobernados por los miles de integrantes de una red social abierta; o mediante la creación de uno o más lobbies mundiales de ciudadanos que hagan de contrapeso a los de las grandes corporaciones y marquen tendencias en igualdad de condiciones. Influyendo en las políticas de los gobiernos o forzando cambios en los reglamentos internos de los partidos. Lobbies cuyos representantes se paseen por los pasillos de Bruselas con la misma libertad que los representantes de las petroleras o las empresas de telecomunicaciones, pero con el mandato y respaldo de millones de personas, a las que informen puntualmente mediante Twitter, blogs o vídeos en directo.
La campaña de Obama (sea cual sea el balance final de la presidencia), su uso de Internet como red de intercambio y movilización masiva, nos dio pistas respecto al camino, pero hay que ir más allá. También marcan el camino proyectos de generación colectiva como la fundación Wikipedia o la comunidad Lynux.
Lo cierto es que es probable que esa conjunción ocurra, tarde o temprano, pero hay que quitarse la apatía sobre los temas políticos, la confusión social tan extendida entre la política real -la toma de las decisiones transcendentes que condicionan nuestras vidas- y la orgía de ambición, miseria y tontería que es la política de partidos. La primera es interesante y nos interesa a todos, porque repercute en nuestro día a día y nuestras opciones de felicidad. La segunda, da grima y asco, como la mayoría de sus protagonistas. No hay que confundirlas, si las confundimos estamos perdidos. Pero hay que poner fin a los partidos políticos tal y como están concebidos ahora. Son parte del problema. Son el problema. Basta ya de chupar del bote, basta ya de no rendir cuentas, basta de tirar el tiempo y nuestro dinero mirándose en su espejo gremial de amiguetes y cómplices, como si el mundo no existiera más allá de dirigentes y compañeros de partido. Hay que acabar con ellos, son el enemigo a derrotar. Y eso sólo lo podremos hacer entre todos, pacíficamente y en democracia.
Las herramientas y los medios están ahí, poderosos y al alcance de mayorías como nunca antes en la historia. Somos como los homínidos de “2001″, jugando erráticamente con huesos de animales. Sólo debemos aprender a utilizarlos como arma.

Jo instauraria la “responsabilitat penal política” que castigués amb penes de presó les promeses incomplertes.
Gràcies pel blog. M’ha agradat molt.
Estoy casi convencido de que dentro de 150 o 200 años, los humanos del futuro verán los partidos políticos como nosotros vemos ahora el régimen absolutista o la teocracia.
Hola Álex,
¿Qué ocurriría si la gente gobernanse sin el filtro de los partidos políticos? Que aumentaría la democracia mientras se reduce progresivamente la libertad de las minorías.
Esta es la explicación:
http://funwithgovernment.blogspot.com/2009/05/hayek-6-dangers-of-majority-rule.html
Era sólo un comentario para poner en contexto los vicios de los partidos. No quiero decir que hayas apostado por la democracia directa mediante las tecnologías de la información, aunque sí veo algo de eso en tu entrada.
Un saludo,
Gonzalo.
http://cisnesnegros.wordpress.com/
En efecto, si te fijas bien hablo de acabar con los partidos “tal y como están concebidos ahora”. El tema que planteas es un dilema delicado y muy interesante. Dudo mucho efectivamente que la solución sea una democracia directa sin ningún filtro, al menos en la acción de gobierno día a día. Pero sí creo que debe haber más democracia que ahora.
Tal vez debería haber determinadas exigencias de formación para los altos cargos (a mi juicio no debería estar permitido que un presidente de gobierno de un estado como España no tenga ni papa de economía), o para los que redactan las propuestas a ser votadas, o incluso para los votantes si la democracia llegara a ser más directa, pero todos esos puntos están socialmente mal vistos y algunos de ellos se consideran precisamente antidemocráticos.
Un posible compromiso es que las leyes las pueda proponer quien quiera, desde un punto de vista genérico, pero les deban dar forma, evaluar, validar y explicar los expertos. Que las puedan discutir todos aquellos que quieran (aunque a mí me gustaría hacer un test mínimo para verificar que la han leído, test que por cierto no pasarían el 95% no ya de los ciudadanos sino de los parlamentarios del mundo). Finalmente, la votación probablemente debería ser sólo de los diputados en la mayoría de los casos, si bien creo en la iniciativa popular y el referendum para algunos temas importantes, y también, como he dicho, que los diputados respondan más ante los votantes y menos antes su partido y las grandes corporaciones como ocurre ahora en muchos casos, pues a fin de cuentas así tampoco alcanzan el interés general, sino el los grupos sociales con más poder.
Un abrazo!
Creo que tienes una parte de razón, pero me surge el siguiente problema: ¿dependen los derechos fundamentales de la formación que se tenga o de que seamos simplemente humanos? Si creemos lo segundo será muy difícil que elevemos el nivel del debate, porque mucha gente despreciará abiertamente la formación jurídica o económica que quieres brindarles, aunque destines miles de millones.
Un ejemplo: ¿cuánto cuesta organizar las elecciones europeas? ¿cuánto dinero se ha destinado a la promoción de lo necesario que es votar para que nuestra vida cotidiana mejore?…¿cuántos han terminado metiendo el sobre en la urna?
Según los autores clásicos (Platón, Aristóteles), el gobierno de la mayoría degenera naturalmente en demagogia (que no es otra cosa que la política a golpe de populismo)
Un abrazo,
Gonzalo.
http://cisnesnegros.wordpress.com/
Hola, perdona por el rollo:
¿dependen los derechos fundamentales de la formación que se tenga o de que seamos simplemente humanos?
Sin duda de que seamos humanos, pero la cuestión es qué se considera derecho humano. Aunque el sufragio universal lo sea, esto no implica necesariamente que no pueda haber requisitos que en un momento pueda tener que cumplir el que lo quiera ejercer, eso no sería ilícito si cumplir esos requisitos está al alcance de todos. En países con la escolarización obligatoria, la base de alfabetización necesaria existe. Si se exigiera algún conocimiento extra requerido, y este fuera asumible para cualquier ciudadano que ha pasado el proceso de escolarización obligatorio (no estoy hablando de una licenciatura para unas elecciones, sino por ejemplo demostrar que te has leído una propuesta o su sinopsis para poder votarla), este requisito no tiene por qué considerarse como violación de un derecho fundamental, sino como un simple trámite para poder ejercer el derecho universal, como lo es comprobar que estas correctamente censado cuando te cambias de domicilio o en el caso de los americanos conocer un poco la constitución antes de ser aceptado como americano.
Esto respecto al caso del sufragio universal aplicado a democracia más directa, llegado el caso (referendums, etc).
Respecto a la segunda mitad de tu planteamiento, la verdad es que tengo -quiero tener- una opinión en el fondo optimista de la especie humana. Del mismo modo que creo que el debate político de una cierta profundidad, la cultura de entender la política como algo que nos interesa a todos, está más arraigado en unas sociedades que en otras (más en Francia que en España, por ejemplo), también creo que es un elemento que se desarrolla con el desarrollo cultural de una sociedad, y quiero pensar que en eso la sociedad puede progresar. El ejemplo de Europa que planteas no es para mí válido, como explicaba en este post http://www.ominids.com/?p=109 sobre la campaña (des)informativa, gran parte de la apatía social respecto a la política europea es culpa directa de nuestros gobiernos. El caso de la negativa de los partidos a tratar las elecciones en clave Europea y no decir a qué partidos europeos votamos es un ejemplo claro de abstención cultivada por la élite política (el grafico del laberinto del voto, http://www.ominids.com/?p=112 habla por sí solo). La apatía de la gente es real, pero está en alto grado cultivada con esmero por nuestros políticos. No es cuestión de cuánto dinero te gastes, sino de cómo lo gastes, y de lo que haces y dices. No se puede vender un pescado envuelto en papel opaco, sin dejarlo ver, y menos si ya no huele demasiado bien.
En cuanto a la demagogia, es un enemigo al que combatir, pero el argumento llevado a su extremo nos puede llevar a la conclusión de que hay que cancelar la democracia, y creo que eso es un error. Hay que combatir la demagogia igual que se combate la corrupción, es una de las cosas que hace que de la democracia sea “el menos malo de los sistemas”, en lugar del “sistema perfecto” como querríamos. Pero no para mí no invalida la democracia, primero porque como digo se puede combatir y tengo la esperanza de que su margen de acción será cada vez menor, conforme crezca el nivel cultural medio. Pero también porque no creo que los otros sistemas estén exentos de demagogia, ni los sistemas totalitarios o autoritaristas, ni tampoco las tendencias tecnócratas como la imperante en los órganos de gobierno de la UE. Es en este caso la demagogia del confort, del Gran Hermano orwelliano, del “tranquilos no os preocupéis porque nosotros sabemos lo que es mejor para vosotros” el “la política no existe, dejadnos el gobierno a los técnicos”, lo que para mí no son más que grandes mentiras.
…y son grandes mentiras porque al final detrás de toda apariencia de tecnocrácia lo que se oculta siempre es una u otra ideología, vendida como “realidad científica” o pensamiento único
¿No tienes pensado volver? Es una pena, porque he llegado hoy a este blog y tiene muy buena pinta. Replantéatelo, que haces bien en escribir.
Gracias por el comentario
la verdad es que anima a volver algún día, pero la verdad es que ahora por motivos personales no podría dedicarle el tiempo necesario.
Qué pena… llegué tarde a este blog… ¿o no? como ha pasado otro año, a lo mejor resucita… ¡ojalá! Creo que ya es hora de que los ciudadanos nos pongamos las pilas… asumamos nuestra responsabilidad, y nos creamos que de verdad somos ciudadanos con poder para influir en la sociedad… quizá no sea demasiado tarde!!!
Alex: gracias por este blog!!! Ha sido un regalo poder leerte!!!