Motivaciones para un blog

Hoy día las grandes decisiones, las que afectan de una forma relevante a un alto porcentaje de la población, nos quedan en realidad cada vez más lejos. Tanto que demasiado a menudo no sabemos exactamente ni siquiera cuáles son ni quien las toma. O lo sabemos, pero sencillamente no las entendemos. O las entendemos, pero ignoramos si son realmente recomendables y beneficiosas para la mayoría de nosotros.

A la complejidad de un mundo globalizado se le suma la progresiva falta de diversidad política y el desencanto que ésta genera en la población. En las últimas décadas, pero especialmente tras la caída del muro de Berlín el centro de gravedad político mundial se ha ido desviando hacia la derecha. Así, bajo la presión ideológica y competitiva de las economías, como la de Estados Unidos, que menos trabas ponen al libre mercado, los partidos mayoritarios de izquierdas se han refundado, explícita o veladamente, con políticas que antes habrían sido consideradas como mínimo de centro derecha. El resultado es que en la práctica, las políticas económicas de unos y otros son en muchos casos indiferenciables. Y se va consolidando en la opinión pública la sensación de que los políticos, por más que prometan durante las campañas, harán todos siempre lo que quieran, y todos más o menos lo mismo.

A ello se le suman las sospechas con respecto a quiénes benefician o qué intereses protegen en realidad algunas de las medidas tomadas. Al problema de la corrupción y las luchas de poder entre los propios políticos se suma el problema de la creciente influencia de poderes económicos cada vez más grandes y globales. La progresiva concentración empresarial genera organizaciones que por sí solas pueden llegar a superar en facturación el PIB de algunos países, y que aliadas por sectores o grupos de interés alcanzan un poder sin precedentes históricos. Por su propia naturaleza son estructuras sin control democrático. Pero el dominio monopolístico o oligopolístico que a menudo tienen sobre sus respectivos sectores, unido al poder e influencia inherentes a su dimensión, hace que sus decisiones o sus presiones sobre los gobernantes puedan tener un profundo efecto en nuestras vidas.

Otro factor más de desconfianza es el también escaso control democrático de los organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio, Banco Mundial ,etc.) y de las estructuras políticas supranacionales (en el caso, por ejemplo, de las instituciones europeas), unido al cada vez mayor peso de sus decisiones y la supeditación a las mismas de los gobiernos estatales.

En éste contexto, el papel de los medios de comunicación y su importante misión topan también con no pocas dificultades. Los medios convencionales actuales corren el riesgo de presentar serios déficits en su independencia, consecuencia en parte de su pertenencia también a grandes grupos empresariales. La concentración de muchos medios en pocas manos, así como su vinculación accionarial con empresas de sectores clave de la economía, los convierten a menudo a la vez en juez y parte de la realidad. Las dependencias mútuas que se establecen no pocas veces con los poderes políticos pueden llegar a convertirlos en instrumentos para la manipulación de la opinión pública. Por último, la obligación de maximizar beneficios condiciona también la selección de los contenidos, primándose a menudo lo atractivo sobre lo importante. Muchos medios informativos (y de manera especial los televisivos) se convierten así cada vez más en un producto de entretenimiento y consumo rápido, disfrazado de información.

Todos estos factores de alejamiento del ciudadano con respecto al poder y sus decisiones, además de suponer un problema por sí mismos, son un caldo de cultivo para la apatía y el desapego; y lo que quizá es aún peor, para la falta de curiosidad. La falta de curiosidad genera a la larga carencias de formación que nos impiden comprender, y por tanto evaluar y criticar de forma argumentada la acción de cada gobierno. Esto acaba siendo un cheque en blanco para los partidos y sus dirigentes, y facilita además cualquier cesión de soberanía popular -velada o declarada- en favor de otros poderes o instituciones como los mencionados anteriormente. Ésta falta de formación es así consecuencia y a la vez coartada de un nuevo y sutil tipo de despotismo ilustrado, parcialmente consentido por la ciudadanía. El analfabetismo político-económico llega a estar incluso bien visto socialmente, al confundirse las deficiencias del sistema y sus dirigentes con la errónea idea de que esos temas no son de nuestro interés (a pesar de tratarse de asuntos que condicionan profundamente nuestra vida diaria y nuestras opciones de felicidad).

El deseo de autoformación es por tanto una de las principales motivaciones de éste blog, junto la inquietud por los temas mencionados y el simple impulso de comentarlos y debatirlos. Se trata del ejercicio de un triste ciudadano de a pie, perplejo y con la mosca detrás de la oreja, que intenta salir sólo un poco de esta ignorancia en la que lamenta reconocer encontrarse, y que espera saber comunicar lo que descubra. Observar y meditar en voz alta sobre algunos de los temas que afectan a los seres humanos a una escala global, o al menos supranacional. Es decir, todo lo que no cabe en la sección de sucesos de los periódicos, ni en las páginas deportivas, ni siquiera en esa crónica de insultos, luchas de poder y folclore que es habitualmente la política de partidos local o nacional.

Me gustaría de verdad animaros a intervenir con vuestros comentarios, y quiero agradecer de antemano cualquier aportación. Por mi parte no pretendo dar demasiado la lata; las entradas que escribiré estarán suficientemente espaciadas en el tiempo como para que podáis seguirlo tranquilamente, tanto si queréis suscribiros para recibir las novedades como si preferís iros conectando a esta página de vez en cuando.

Un saludo a todos
Alex S.
alexs@ominids.com

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